La Gran Metira del Color del Vino

Por qué un vino más oscuro no necesariamente es mejor.

Hay una escena que se repite todos los días en restaurantes, catas y reuniones.

Alguien sirve un vino tinto, levanta la copa frente a la luz y, apenas ve un color casi negro, dice con seguridad:

“Este sí se ve bueno.”

Es una reacción completamente normal. Nuestro cerebro lleva toda la vida asociando los colores intensos con sabores más intensos: un café más oscuro parece más fuerte, un chocolate más negro parece más fino y una salsa con un rojo profundo parece más picante.

Con el vino ocurre exactamente lo mismo.

Pero hay un problema.

En el mundo del vino, el color es probablemente uno de los indicadores más malinterpretados que existen.

Un vino oscuro no significa un vino mejor.

Puede parecer sorprendente, pero algunos de los vinos más elegantes, complejos y costosos del planeta tienen un color mucho más claro de lo que la mayoría imaginaría.

Si alguna vez has visto un gran Pinot Noir de Borgoña, probablemente te haya parecido casi “aguado”. Sin embargo, muchas de esas botellas cuestan cientos —o incluso miles— de dólares y están entre los vinos más admirados del mundo.

¿Por qué?

Porque el color no mide la calidad.

Mide otras cosas.

Y entenderlas cambia por completo la forma de observar una copa.

¿De dónde sale el color?

El jugo de prácticamente todas las uvas es transparente.

Sí, incluso el de las uvas tintas.

El color aparece cuando el mosto permanece en contacto con los hollejos (la piel de la uva) durante la fermentación. En esas pieles se encuentran los pigmentos naturales llamados antocianos, responsables de los tonos rojos, morados y violáceos.

Mientras más tiempo permanezca ese contacto, mayor será la extracción de color… pero también de taninos, compuestos aromáticos y estructura.

Sin embargo, el tiempo de maceración es solo una pieza del rompecabezas.

Hay uvas que simplemente nacieron para ser más oscuras.

La variedad influye muchísimo.

Un Syrah o un Petit Verdot producen vinos naturalmente mucho más intensos en color que un Pinot Noir o un Nebbiolo.

Eso no significa que uno sea mejor que otro.

Sería como decir que una fresa es mejor que una manzana porque tiene un rojo más intenso.

Simplemente son distintas.

El clima también pinta el vino.

Las uvas cultivadas en regiones cálidas suelen desarrollar pieles más gruesas y mayor concentración de pigmentos.

Por eso un Cabernet Sauvignon del norte de México puede lucir mucho más oscuro que uno elaborado en una región más fresca.

No necesariamente será mejor.

Solo es una consecuencia del lugar donde nació la uva

La edad hace exactamente lo contrario de lo que muchos creen.

Existe otro mito muy común.

Mucha gente piensa que un vino viejo debería verse más oscuro.

En realidad ocurre lo contrario.

Con los años, los vinos tintos pierden esos tonos violáceos de juventud y evolucionan hacia colores rubí, granate, teja e incluso marrones.

Mientras tanto, muchos vinos blancos pasan del amarillo pálido a tonos dorados y ámbar.

Es decir, el tiempo también cambia el color.

¿Y los vinos casi negros?

En las últimas décadas, especialmente durante los años noventa y principios de los dos mil, muchos productores comenzaron a elaborar vinos deliberadamente más oscuros.

¿Por qué?

Porque el mercado los pedía.

Durante mucho tiempo existió la percepción de que un vino muy concentrado transmitía lujo, potencia y calidad.

Algunas bodegas aumentaban la extracción, retrasaban la cosecha para obtener uvas más maduras o utilizaban técnicas que intensificaban el color y la concentración.

No era hacer trampa.

Simplemente respondían al gusto de los consumidores.

Curiosamente, la tendencia actual está cambiando.

Cada vez más productores buscan vinos con mayor frescura, menos extracción y un mayor protagonismo de la fruta y del lugar donde nació la uva, en lugar de impresionar únicamente por sy intensidad.

Entonces… ¿el color no sirve para nada?

Al contrario.

El color sí aporta muchísima información.

Puede ayudarte a estimar la edad de un vino.

Puede darte pistas sobre la variedad de uva.

Puede sugerirte el nivel de extracción durante la elaboración.

Incluso puede anticipar parte de su estructura.

Lo que no puede decirte es si ese vino será mejor que otro.

Eso solo lo descubrirás cuando lo huelas… y, sobre todo, cuando lo pruebes.

La próxima vez que levantes una copa…

Olvídate de buscar el vino más oscuro.

En lugar de eso, observa cómo refleja la luz.

Fíjate en sus matices.

Pregúntate por qué tiene ese color.

Y luego haz lo más importante de todo:

Pruébalo.

Porque el mejor vino rara vez es el que más impresiona a la vista.

Es el que consigue hacerte sonreír desde el primer sorbo.