¿Vino Naranja?

Todos hemos escuchado hablar de vinos tintos, blancos y rosados.

Pero de pronto aparece una cuarta categoría que parece salida de una broma:

”¿Vino naranja?”

La primera reacción suele ser la misma:

”¿Lo hacen con naranjas?”

La respuesta es no.

Y lo más interesante es que probablemente estés frente a uno de los estilos de vino más antiguos de toda la historia.

El secreto está en las pieles

Cuando se hace un vino tinto, el jugo de la uva permanece en contacto con las pieles durante días o semanas.

Eso es lo que le da color, estructura y taninos.

Cuando se hace un vino blanco ocurre lo contrario: las pieles se retiran casi de inmediato para que sólo fermente el jugo.

El vino naranja nace cuando un productor decide hacer algo aparentemente sencillo:

Elaborar una uva blanca como si fuera un vino tinto.

Es decir, dejar que las pieles permanezcan en contacto con el mosto durante días, semanas o incluso meses.

Y ahí ocurre la magia.

¿Por qué se vuelve naranja?

Las pieles de las uvas blancas contienen pigmentos, compuestos aromáticos y taninos.

Al permanecer en contacto con el vino durante la fermentación, transfieren color y estructura.

El resultado suele ser un vino que puede ir desde tonos dorados intensos hasta colores ámbar o naranja brillante.

Pero el cambio más importante no es el color.

Es la personalidad.

Un blanco con actitud de tinto

Los vinos naranjas suelen ser más estructurados que un blanco tradicional.

Tienen más textura.

Más cuerpo.

Más sensación en boca.

Y en muchos casos incluso una ligera presencia de taninos.

Por eso hay quienes los describen como:

“Un blanco que aprendió algunas cosas de los tintos.”

¿A qué saben?

No existe un único perfil.

Depende muchísimo de la uva y del productor.

Pero es común encontrar notas de:

* Cáscara de naranja

* Té negro

* Albaricoque seco

* Miel

* Frutas deshidratadas

* Hierbas

* Especias

Son vinos que suelen privilegiar la textura y la complejidad sobre la fruta explosiva.

Por eso a algunas personas les fascinan desde el primer sorbo.

Y otras necesitan varias copas para entenderlos.

Entonces… ¿son una moda?

Curiosamente no.

Aunque se han puesto de moda en los últimos años, su origen es antiquísimo.

Hay evidencia de elaboraciones similares hace miles de años en regiones como Georgia, considerada por muchos la cuna del vino.

Así que, en realidad, el vino naranja no es una innovación moderna.

Es una tradición ancestral que regresó para recordarnos que todavía quedan muchas formas de hacer vino.

Lo más importante

Los vinos naranjas nos recuerdan algo que en la SMV repetimos constantemente:

No existe una única forma correcta de hacer vino.

Cada botella es una interpretación distinta de la misma bebida.

Y a veces, las experiencias más memorables llegan precisamente cuando nos atrevemos a probar algo que nunca habíamos probado antes.

La próxima vez que veas un vino naranja en una carta o en una tienda, no pienses que es una rareza.

Piensa que estás frente a una de las formas más antiguas de hacer vino que existen.

Y quizá también frente a tu próximo gran descubrimiento.