5 bodegas con pasados que preferirían no contar


5 bodegas con pasados que preferirían no contar

Cuando visitamos una gran bodega normalmente nos cuentan la parte bonita.

La familia fundadora.

El viñedo centenario.

La primera cosecha.

La botella que tomó algún rey.

La medalla ganada hace 150 años.


Lo que rara vez aparece en la contraetiqueta es que algunas de las bodegas más históricas del planeta han atravesado episodios bastante más incómodos.


Esclavos trabajando en los viñedos.

Una mujer asesinada por una infidelidad relacionada con una familia vinícola.

Châteaux confiscados por los nazis.

Enólogos encarcelados durante las purgas de Stalin.

Y bodegas enteras que simplemente dejaron de pertenecer a sus propietarios porque un gobierno decidió nacionalizarlas.

Así que hoy no vamos a hablar de notas de cata.

Vamos a abrir cinco botellas… y algunos expedientes históricos.

1. Groot Constantia: el vino que bebían reyes y emperadores tenía una cara mucho menos elegante


Sudáfrica, 1685.

Simon van der Stel, gobernador de la colonia del Cabo, recibió una enorme extensión de tierra y estableció lo que terminaría convirtiéndose en una de las propiedades vinícolas más famosas de África:

Groot Constantia.

Section image

Napoleón bebió vino de Constantia durante su exilio en Santa Elena.

El rey Luis Felipe de Francia fue uno de sus grandes compradores.

Jane Austen lo mencionó en Sense and Sensibility.

Charles Baudelaire escribió sobre él.

Todo muy elegante.

Hasta que miras quién trabajaba la tierra.

Durante aproximadamente 150 años, la propiedad utilizó extensamente mano de obra esclavizada. Los registros históricos muestran personas procedentes de lugares como India, Madagascar y Bengala trabajando en la finca. (Iziko Slavery Museum)

Y no estamos hablando de una participación marginal.

Cuando Hendrik Cloete compró Groot Constantia en 1778 adquirió también personas esclavizadas que pertenecían al propietario anterior y posteriormente compró más. Para 1818 había 85 personas esclavizadas en la finca. (Groot Constantia)

Hay un detalle todavía más impactante.

Durante parte del siglo XVIII, uno de los responsables de elaborar el vino de Groot Constantia —su cellar master— era también un hombre esclavizado.

Ni siquiera conocemos su nombre. (Iziko Museums)

Es decir:

uno de los vinos más prestigiosos del mundo era elaborado, al menos durante una etapa de su historia, por alguien cuya identidad prácticamente desapareció de los registros.

Hoy Groot Constantia no esconde completamente ese pasado. De hecho, el sitio histórico y los museos sudafricanos han realizado trabajos para documentar a las personas esclavizadas que vivieron allí.

Pero durante siglos, cuando Europa hablaba maravillada del vino de Constantia…

casi nadie hablaba de las manos que realmente lo producían.

2. Antinori: una infidelidad, un asesinato y un miembro de la familia muerto en prisión

Si existe una familia que pueda presumir historia en el vino, es Antinori.

Su relación formal con el comercio vinícola florentino se remonta a 1385.

Más de seis siglos después siguen haciendo vino.

Pero en medio de esos seis siglos ocurrió una historia digna de una serie.

Florencia. 1576.

Uno de los miembros de la familia, Bernardino Antinori, mantenía una relación con Dianora di Toledo.

Section image

Dianora estaba casada.

Y no precisamente con cualquier persona.

Su marido era Pietro de’ Medici, hijo de Cosimo I de’ Medici, miembro de una de las familias más poderosas de Europa.

Pietro descubrió la relación.

Y lo que siguió no fue precisamente una conversación matrimonial incómoda.

Dianora fue asesinada por su propio marido.

Según los relatos históricos, Pietro la estranguló en julio de 1576 en la Villa Medici de Cafaggiolo.

Bernardino Antinori tampoco tuvo un final feliz.

Fue arrestado…

y posteriormente murió asesinado en prisión.

Todo esto ocurrió mientras los Antinori ya llevaban casi dos siglos vinculados oficialmente al comercio del vino.

Hoy conocemos el apellido por Tignanello, Solaia y algunos de los grandes vinos de Toscana.

Pero durante el Renacimiento italiano, el mismo apellido apareció involucrado en una historia de amantes secretos, poder político y asesinato.

Netflix, si estás leyendo esto, de nada.

3. Château Mouton Rothschild: los nazis se quedaron con la bodega

Esta historia es diferente.

Aquí la familia propietaria no fue victimaria.

Fue víctima.

Section image

Cuando pensamos en Château Mouton Rothschild pensamos en uno de los vinos más prestigiosos del planeta.

Pero durante la Segunda Guerra Mundial ocurrió algo difícil de imaginar hoy.

Los Rothschild perdieron el control de su propio château.

Philippe de Rothschild era judío.

Cuando Francia cayó ante Alemania en 1940, Mouton quedó bajo administración y fue ocupado por una guarnición antiaérea alemana.


El château terminó funcionando incluso como cuartel militar. (Decanter)

Philippe fue arrestado por órdenes del régimen de Vichy.

Después consiguió ser liberado, escapó de Francia y terminó uniéndose a las Fuerzas Francesas Libres en Inglaterra.

Mientras tanto, Mouton seguía produciendo vino.

Sin él.

La propiedad había sido confiscada y quedó bajo supervisión alemana.

Philippe sobrevivió a la guerra.

Su esposa, Élisabeth —conocida como Lili— no tuvo la misma suerte: fue deportada y murió en Ravensbrück.

Y entonces llegamos a 1945.

Philippe regresó.

Volvió a su château.

Volvió a hacer vino.

Y decidió convertir la etiqueta de aquella cosecha en una declaración.

En ella apareció una enorme V de Victoria acompañada de:

“Année de la Victoire”

Año de la Victoria.

Aquella botella terminaría convirtiéndose en una de las cosechas más legendarias de Mouton Rothschild.

Es difícil imaginar una etiqueta con más significado.

No celebraba solamente una buena vendimia.

Celebraba que después de una guerra, una persecución y una bodega confiscada…

el dueño había vuelto a casa.

4. Massandra: cuando hacer vino podía meterte en prisión con Stalin

Nos vamos a Crimea.

A finales del siglo XIX, el zar Nicolás II impulsó allí una de las bodegas más impresionantes del Imperio ruso:

Massandra.

Section image

Pero entonces llegó la Revolución rusa.

Después la Unión Soviética.

Después Stalin.

Y hacer vino para los poderosos dejó de ser necesariamente un privilegio.

En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, varios destacados trabajadores y especialistas del vino de Massandra fueron encarcelados bajo acusaciones fabricadas durante el periodo estalinista.

¿Su problema?

Entre otras cosas, el vino.

En la Unión Soviética existía una compleja cultura de favores, regalos y relaciones personales.

Los productores utilizaban botellas para agradecer favores, mantener alianzas o conseguir recursos en un sistema donde muchas cosas no podían resolverse simplemente comprándolas.

Pero bajo Stalin, aquello podía transformarse rápidamente en evidencia de corrupción o actividad criminal.


El historiador Stephen V. Bittner documenta cómo varios productores importantes de Massandra terminaron perseguidos por este sistema de intercambio de vinos y favores.

Piénsalo la próxima vez que alguien te regale una botella.

Hubo una época y un lugar donde entregar el vino equivocado a la persona equivocada…

podía terminar con un enólogo en prisión.

5. Oremus y Tokaj: el día que el gobierno decidió que los viñedos ya no eran tuyos

Tokaj fue durante siglos uno de los vinos más prestigiosos del mundo.

Luis XIV supuestamente lo describió como el:

“vino de reyes y rey de los vinos”.

La aristocracia europea lo adoraba.

Los zares rusos querían garantizar su suministro.

Y algunas de sus parcelas tenían reputación internacional siglos antes de que muchas regiones modernas del vino siquiera existieran.

Entonces terminó la Segunda Guerra Mundial.

Hungría quedó bajo un régimen comunista.

Y ocurrió algo brutalmente sencillo:

gran parte de los viñedos privados fueron expropiados.

Section image

La propiedad privada prácticamente desapareció y la producción fue reorganizada para abastecer en grandes volúmenes al bloque soviético.
Tokaj pasó de producir algunos de los vinos más codiciados por la aristocracia europea a convertirse, en buena medida, en una industria controlada por el Estado.

András Bacsó, quien posteriormente sería enólogo principal de Oremus, describió aquella etapa como un periodo en el que Tokaj se convirtió en un vino producido masivamente para satisfacer el mercado soviético.

Durante más de cuarenta años el modelo permaneció.

Hasta que cayó el bloque soviético.

A principios de los años noventa comenzaron nuevamente las privatizaciones y llegó inversión extranjera.

Entre quienes aparecieron estaba una familia española bastante conocida en el mundo del vino:

los Álvarez, propietarios de Vega Sicilia.

En 1993 adquirieron Oremus y comenzaron la recuperación de viñedos y de la tradición de los grandes Tokaji.
Después de décadas bajo un sistema donde prácticamente todo pertenecía al Estado…

las parcelas volvieron a tener propietarios.

La historia dentro de la botella

Hay algo que me encanta del vino.

Una botella puede parecer simplemente una bebida.

Pero detrás puede haber seis siglos de historia.

Y seis siglos son suficientes para que ocurra prácticamente de todo.

Guerras.

Imperios.

Revoluciones.

Esclavitud.

Dictaduras.

Asesinatos.

Expropiaciones.

Familias que desaparecen y otras que regresan décadas después.

Por eso entender vino no debería limitarse únicamente a memorizar uvas, regiones o temperaturas de servicio.

A veces conocer qué ocurrió en el lugar donde nació una botella hace que esa copa sea muchísimo más interesante.

Y después de investigar estas cinco historias queda una conclusión bastante incómoda:

algunas de las bodegas más hermosas del mundo tienen sótanos mucho más oscuros de lo que imaginamos.