La incómoda historia de las catas a ciegas que han puesto en ridículo a expertos, críticos y grandes etiquetas.
Tiene muchísimo para El Descorche. Podemos hablar de cómo cambia nuestra percepción cuando conocemos el precio o vemos la etiqueta; experimentos donde el mismo vino es percibido de manera distinta según la información que recibe quien lo prueba; qué tan buenos somos realmente identificando vinos a ciegas; y, por supuesto, casos famosos en los que vinos mucho menos prestigiosos derrotaron a grandes etiquetas.
Pero el artículo no sería el típico “el vino caro no vale la pena”, porque eso sería simplista.
La pregunta interesante es otra:
Si te sirvo dos vinos en copas idénticas y no te digo cuánto cuestan… ¿realmente sabrías cuál pagué diez veces más caro?
Y de ahí podemos llegar a una conclusión buenísima para SMV: precio, calidad y placer son tres cosas diferentes.
Además, podríamos convertirlo en experimento comunitario. Al final del artículo les proponemos hacer una cata a ciegas de dos o tres botellas de distintos precios y compartir resultados en el grupo.
Otros tres temas que guardaría porque también están fuertes:
“La botella de vino de $500,000 que resultó ser falsa” — Rudy Kurniawan y el gigantesco mercado de vinos falsificados.
“Hay una razón por la que el vino sabe mejor de vacaciones” — contexto, música, compañía, expectativa y cómo el cerebro modifica literalmente nuestra experiencia sensorial.
“¿Qué pasaría si desaparecieran las abejas de los viñedos?” — arrancar provocador para explicar biodiversidad, polinización (y el dato importante de que la vid cultivada no depende de las abejas como mucha gente asumiría), cultivos de cobertura y ecosistemas del viñedo.
Pero me quedo por bastante con el primero esta semana. Tiene una ventaja enorme: después de leerlo, cualquiera va a querer comprobarlo personalmente.
Y hasta podemos cerrar con:
“La próxima vez que alguien te diga que puede reconocer un vino de $5,000 con los ojos cerrados… ciérraselos.” 🍷
